Publicidad:
La Coctelera

La Doncella y el Asno

22 Agosto 2008

Con el tiempo...

.

.

Después de un tiempo, uno aprende la sutil diferencia entre sostener una mano y encadenar un alma, y uno aprende que el amor no significa acostarse y una compañía no significa seguridad, y uno empieza a aprender...

Que los besos no son contratos y los regalos no son promesas, y uno empieza a aceptar sus derrotas con la cabeza alta y los ojos abiertos, y uno aprende a construir todos sus caminos en el hoy, porque el terreno de mañana es demasiado inseguro para planes...y los futuros tienen una forma de caerse en la mitad.

Y después de un tiempo uno aprende que si es demasiado, hasta el calor del sol quema. Así que uno planta su propio jardín y decora su propia alma, en lugar de esperar a que alguien le traiga flores.

Y uno aprende que realmente puede aguantar, que uno realmente es fuerte, que uno realmente vale, y uno aprende y aprende... y con cada día uno aprende.

Con el tiempo aprendes que estar con alguien porque te ofrece un buen futuro significa que tarde o temprano querrás volver a tu pasado.

Con el tiempo comprendes que sólo quien es capaz de amarte con tus defectos, sin pretender cambiarte, puede brindarte toda la felicidad que deseas.

Con el tiempo te das cuenta de que si estás al lado de esa persona sólo por acompañar tu soledad, irremediablemente acabarás no deseando volver a verla.

Con el tiempo entiendes que los verdaderos amigos son contados, y que el que no lucha por ellos tarde o temprano se verá rodeado sólo de amistades falsas.

Con el tiempo aprendes que las palabras dichas en un momento de ira pueden seguir lastimando a quien heriste, durante toda la vida.

Con el tiempo aprendes que disculpar cualquiera lo hace, pero perdonar es sólo de almas grandes.

Con el tiempo comprendes que si has herido a un amigo duramente, muy probablemente la amistad jamás volverá a ser igual.

Con el tiempo te das cuenta que aunque seas felíz con tus amigos, algún día llorarás por aquellos que dejaste ir.

Con el tiempo te das cuenta de que cada experiencia vivida con cada persona es irrepetible.

Con el tiempo te das cuenta de que el que humilla o desprecia a un ser humano, tarde o temprano sufrirá las mismas humillaciones o desprecios multiplicados al cuadrado.

Con el tiempo comprendes que apresurar las cosas o forzarlas a que pasen ocasionará que al final no sean como esperabas.

Con el tiempo te das cuenta de que en realidad lo mejor no era el futuro, sino el momento que estabas viviendo justo en ese instante (...)

Pero desafortunadamente, sólo con el tiempo...

Jorge Luis Borges

.

.

piano - piano

servido por tetanovicia 5 comentarios compártelo

5 Agosto 2008

Festín quimérico

.

.


.

Se abren las puertas del universo onírico y el plúmbeo Sol es increpado por el astro lactescente para que desaloje la sala y no deslumbre con su centelleo a los escurridizos sueños. Escapa colérico, lentamente desaparece a hurtadillas y sólo en el horizonte se percibe su lejana traza crepuscular.

El recinto quimérico totalmente insonorizado al perturbador bullicio de la sanguinaria realidad ambientan el silencio del espíritu sofocado.

Ella espera ansiosa a su anfitriona de piel de ébano, recostada sobre el duermevelas donde yacen las horas muertas, las excita con respingos cosquilleantes para despertarlas y preparar un colosal ágape de sensaciones. Se despabilan las horas y se dividen en hacendosos minutos para cuidar hasta el más mínimo detalle de este lírico festejo. El aire viciado por el humo de seductores inciensos y las notas de una guitarra colgando de las paredes. La mesa colmada de elixires peregrinos, cócteles de fantasía y placidez con guindas rojas para incitar a la danza del fuego corpóreo.

Y hielo, mucho hielo aguijoneado por el arrebato incauto que calmará la sed de las quemaduras provocadas por las abrasadoras dudas.

Y allí está ella, vestida de negro sutil y estrellado, arrastrando a su paso con su larga cola de bruno satén la niebla que pasea gateando por la habitación.

Se acarician estratégicamente hasta bordear el precipicio del alma y en pleno extásis de febril locura, el silencio se lanza al vacío fragmentándose con un grito....

.

¡Hazme tuya!


.

.

Love Letters - Armik

Tags: la doncella

servido por tetanovicia 5 comentarios compártelo

17 Marzo 2008

¿Bailamos?

.

.

.

.

Las luces se encienden, la música ligera y sonriente acomoda sus dulces notas en fila india y se dispone a hacernos volar. Do, re, mi, fa, sol, la, siiiiiiiiiiiii....

Las notas engalanadas con la retomada alegría pisotean a la Dama Pereza, marcan el paso a un nuevo viaje, un, dos, tres y aquello que está al revés, lo giramos al bies y.... un puntapié, ¡Toma!

La doncella no quiere ser la bella sólo quiere ser su humilde plebeya y al ritmo de los violines bailar con su asno de auténtico pedigrí acariciando los adoquines de las desilusiones. Danzan las palabras, brillan las estrellas que alumbran las emociones y así cazamos al vuelo miles de ilusiones.

Atrapamos la estrella vitaminada para avivar nuestras almas, ahora la estrella noctámbula, eh, tú, ven aquí, serás la almohada en la que descansen los sueños de nuestros corazones y así alivies todas las desazones.

Y esa es la estrella silente, danos calma para expresar los sentimientos pero nada de lamentos, ni tan siquiera leves tormentos.

Brindamos con la estrella embriagadora de la vida, por ti, por mi y porque este viaje no tenga fin, chin-chín.

Acariciamos las cuerdas del violín del corazón y hacemos tararí, aporrea tu estómago y al ritmo del tam-tam verás como las angustias se van. Suéltate el pelo y deja que se aireen las hebras que tejen marañas en la cima de la razón y habla desde el corazón.

Mueve los platillos que oprimen los circuitos que erizan tu piel y aireeeeeee.... Tilín-tilín, repican las campanas para devorar la vida a bocanadas y ahora deja que bailen las emociones, une cada letra del abecedario de las sensaciones y forma palabras que bailen en frases de a dos, sí, tu y yo bailamos a dúo, así que no seas un mulo y con disimulo estírate el rulo. Vuela como una cometa y alegra a esta veleta.

¿Bailamos?

.

Tags: la doncella

servido por tetanovicia 7 comentarios compártelo

6 Marzo 2008

FIN DEL VIAJE.

.

Morir hubiera sido poco para él. Eso solo suponía un instante, un paso hacia delante en esta noche triste, cosa que tentado estuvo de hacer. Le habían matado la razón de su vida. Habían apagado el resquicio de alegría que estaba naciendo en su pobre corazón y a cambio recibía la mayor desesperación, como un tormento que tendría que soportar el resto de su existencia. Maldijo al cielo, al hacedor de la sinrazón, gritó hasta hacerse daño, y quedó inmóvil, con el rostro de Laura cubierto de lágrimas negras, las que teñía con su odio y dolor. El tiempo se detuvo en el silencio absoluto, hasta el mar se limitó a acariciar las rocas. Una calma inundaba la atmósfera. La niebla era cada vez mas espesa. Intentó levantarse, sin saber aun que hacer, ni como actuar, su cuerpo no respondía a nada, su cabeza era un caos de imágenes rápidas. Al incorporarse perdió el equilibrio y cayó de una forma controlada sobre los guijarros y bloques de hormigón. Al tranquilizarse un poco, notó que su mano izquierda no tocaba la dureza de la roca, era un contacto más suave y pulido. Sentando como estaba lo observó dentro de la limitada visibilidad que había. Era una cartera de piel, con tarjetas y varios carnés. En su ofuscación y abatimiento pudo llegar a pensar que el propietario de la misma tendría que ser quien había desencadenado este torbellino de locura y drama. Intentando esclarecer la identidad de ese monstruo percibió la presencia de alguien a sus espaldas. Se giró y allí estaba. En lo alto del muro, una figura recortada por las luces del pueblo le observaba. No sintió miedo, solo angustia mezclada con alegría por ver que su venganza se ejecutaría con inmediatez. Apretó los puños. Solo disponía de esas armas, y con ellas todo el sentimiento que guardaba en su interior, el mismo que actuaría como un cuchillo plateado de luna y sal.
- Vienes a por la única prueba de tu crimen – Le chillo con la voz cortada por el llanto contenido. – Tendrás que arrebatármela como ya has hecho con parte de mi vida.
- Yo solo quiero recuperar parte de mis errores de esta noche. Tu vida tiene mas valor de lo que tu nunca entendiste, la has ido gastando sin disfrutarla, y yo he sido el primero que lo lamenta. Eso es por lo único que vale la pena llegar hasta aquí, no por lo que tienes a tus pies.

¿Podría haber más desgracias en una sola noche? Se preguntaba en el medio de la nada. – Tu, Bruno. Has sido tú. ¿Por qué? No hagas mas dura la perdida y niégame la evidencia, niégame la realidad. Por favor, si hay explicaciones a todo esto, no quiero ser parte de la razón a tal monstruosidad.
- Una y mil veces lo volvería a hacer si con eso consiguiera que entendieras mis razones, mi razón, la única y grandiosa razón. He tenido que llegar a desencadenar todo esto y te juro que no había otra opción dado como habíais conducido las cosas. Todo iba perfecto de no ser por esa maldita y estúpida carta que ella te mandó. Ya es fatalidad que en un solo día existieran dos cartas con caminos cruzados y con contenidos tan diferentes que lo único que consiguieron fue enredarlo como para necesitar que os vierais. Tu carta hubiera bastado para finalizar todo y ahora esto no habría sucedido. Pero no. Tuvo que escribirte ella y contarte mentiras, aun más de las que ya tenias almacenadas en tu apagada vida. Con sus falsas debilidades afectivas te enredó para que vinieras. Ella es la única culpable de su final.

Raúl no acertaba a entender nada, y menos el tono de odio que Bruno empleaba en sus palabras. – Cartas, ¿qué cartas? Solo existe la que me envió Laura. Yo no he mandado ninguna.
- Tu no, pero yo sí. Y eras tu quien escribía.
– Contestó Bruno.
- ¿Cómo es posible eso?
- Fue tan fácil como utilizar la que enviaste a Cecilia un día, donde se contenían tus tristezas y amarguras en un mundo de reproches por lo que querías y no tenías. Ahí estabas encerrado con tu melancolía que tan fácilmente dejas entrever. No necesité muchos cambios, y todo se ajustaba al plan. Laura acabaría entendiendo tu alejamiento, y ya sin nada por lo que luchar y sin nadie que se dejara querer salvo por puro egoísmo, se alejaría de ti. Tu no necesitas mucho para volver a tu mundo de autocompasión, a eso ayudaría la falta de noticias de ella y como poco la frialdad de sus mensajes, sabiéndote seguro de una ruptura que habías pedido.
- ¿Y tu, que ganas en este juego cruel?
- Ahora me temo que nada, apenas este instante que te tengo entre la bruma. Me siento cansado de esperar, de esperarte, de que veas que existo a tu lado de otra forma. Sé que estás sufriendo una perdida. Yo también sufro por ti, por saber que te estoy perdiendo y es un despropósito tener retenido durante tantos años lo que ahora decido sacar fuera, justamente cuando sé que mis deseos se desvanecerán como si nunca existieran, y no es así. Han existido, existen y tú los matarás.
- Estás loco. No acabo de entender el porque Laura. ¿Que te había hecho? Pero claro, ahora empiezo a entender tu reticencia a que la volviera a ver, a que retomara la relación de una forma más intensa. Tu me intentabas hacer cambiar de opinión y yo solo acababa de entender que te preocuparas de alguna forma por mí, que no sufriera en esa entrega, pero de ahí a que la vieras como una persona que debía desaparecer de mi vida, eso Bruno jamás lo justificaré.
- Pobre y triste personaje. No te has dado cuenta de nada. Tu mente está aun poseída por su envolvente imagen. Que lastima de tiempo empleado en matar, en maquinar, en esperar el momento para verla en el hotel y presentarme como tu amigo, ganarme su confianza, la suficiente como para hacerla creer que esta noche la llevaría contigo, lo que así ha sido, ¿verdad?. Era yo quien estaba con ella cuando llamaste esta mañana. Aun no sabía que te conocía, afortunadamente. Hemos comido juntos. Hablamos de ti. Ya ves, hasta te hemos compartido durante unas horas. Te deberías sentir importante por tal cosa, pero mejor que no. Y esta noche todo tenía un final, pero yo no debo estar aliado con el buen destino. Yo tengo más motivos que tú para ser patético y desgraciado, no tengo de mi parte la buena suerte. Porque demonios tuviste que venir hasta aquí esta noche. Tendrías que haberte quedado en el hotel. Pero claro, llovía y tu jodida melancolía te arrastró a los limites del horizonte, al paseo de las sombras donde la tuya, mas que ninguna, es real. Lastima de tiempo empleado cuando aun no sabes ni remotamente mi razón, mi hoy penosa razón: TE QUIERO. Tan simple como eso. Te quiero con tal fuerza que he sido hasta capaz de matar. Lo hice tan convencido de mis sentimientos hacia ti que solo veía el momento de tenerte cerca, de ser, lo reconozco, cruel por intentar consolarte por su perdida. Con imaginarme como llorarías en mis brazos, como me pedirías ayuda y alivio a tu desgracia, con solo pensar en eso ya encontraba las fuerzas suficientes para apretar mis manos sobre su débil cuello, besándola mientras lo hacia. La besaba donde tu ya lo habías hecho, robándole esos besos que tomé para mí. He estado a tu lado en tus momentos más críticos, sobre todo tras la separación de Cecilia. Temiendo por tu integridad física, lo que no le hubiera jamás perdonado. Te veía tan débil y vulnerable que eso me hacia a mí mas fuerte para vivir con mi secreto. Creía tener posibilidades cuando tu abatimiento era más intenso, y así me ofrecía a tu rutina diaria y no alterar tu ritmo monocorde. No me importaba, en cierta forma me gustaba serte necesario para sustentarla. Así hubiéramos continuado toda la vida, yo esperando tu abrazo, tu llamada intempestiva, tus proyectos inacabados y tu desgana para ver colores en un nuevo día. Ahora pienso que posiblemente me fuiste desposeyendo de mi vitalidad a fuerza de no darme nada, solo siendo como has sido toda tu vida. Una persona egoísta y egocéntrica, llena de miedos e inseguridades, que intenta justificarse a golpe de afectividades ajenas. Hasta eso te he llegado a aceptar, todo por quererte, por tenerte cerca. Pero llegó ella y empecé a temer lo peor, como así ha sido. Me sublevó ver que podría cambiarte, y eso solo conducía a un único final, a separarte de mí. No podía permitirlo. Mi dedicación todos estos años, mi espera, mi entrega, se esfumaba entre las teclas y pantallas de ordenador, de lo que yo he sido también cómplice. Sí. He leído todas sus cartas. Tenía acceso a ellas cuando tú no me veías.

Mientras hablaba, Bruno iba acortando la distancia entre ellos hasta quedar frente a frente. Él ya no lloraba, tenia la mirada perdida en un punto rojo que nacía en su mente hasta llenar todo su espacio vital. La ira y la impotencia, unidas a la angustia por verse engañado, traicionado, y sentirse querido de forma tan cruel, acabaron por dale las fuerzas suficientes para golpear con saña a Bruno con sus manos. Este recibió la envestida con total resignación, sabiendo que ya todo estaba escrito en el oscuro y lóbrego guión de esta noche. Bruno cayó de forma violenta al suelo y su cabeza se quebró sobre las rocas. Aun seguía golpeando al aire hasta quedar exhausto. Jadeando miró como el cuerpo de su amigo no respondía a sus golpes y de pronto un hilo de sangre brotó de su oído hasta perderse en el agua del mar. El golpe había sido mortal.
Ya no le quedaban fuerzas para nada, solo para mirar en derredor e intentar borrar el paisaje que le envolvía. Se alejó como un espectro fantasmagórico, sin notar siquiera como el aire y la lluvia lo iban poco a poco desgastando.

.

Nota aparecida en el periódico El Correo del Norte: Encontrados dos cadáveres en el rompeolas del puerto de Occ. Los cuerpos de una mujer y un hombre que responden a los nombres de Laura Blach Puig y Bruno Hornos García, fueron encontrados esta mañana por unos pescadores. Todo hace pensar en un crimen pasional con suicidio por parte del hombre. Las causas se intentan esclarecer, ya que se sospecha existiera una relación amorosa entre ambos, habida cuenta que pertenecían una misma empresa inmobiliaria, con delegaciones en Barcelona y Madrid, la cual celebraba un congreso en nuestra capital estos días.

.

.

Tags: el asno

servido por tetanovicia 6 comentarios compártelo

28 Febrero 2008

EL INICIO DE UN VIAJE (Cap.9)

.

.
El viaje fue largo. El autobús no necesitó parar en todo el trayecto. El mal tiempo con las nubes bajas y espesas le negaron el espectáculo de los valles, montes y árboles. Le gustaba observar el paisaje de una forma minuciosa. Catalogaba las cimas de las montañas, escarpadas, rectas, sinuosas, accesibles. Buscaba signos de vida en ellas. Se imaginaba como seria subsistir en lugares tan aislados. En cierta forma envidiaba ser dueño de esa soledad, pero a la vez se veía incapaz de vivirla.

Podría ser una locura, no lo pensó dos veces y salió en una noche que amenazaba lluvia, cosa nada extraña en ese lugar. Dirigía sus pasos hacia el último punto de luz que divisaba en el camino, un faro que en la distancia se hacia apenas perceptible. Bordeó la línea del mar sobre la arena, acompasando los pasos al juego de las olas en suave balanceo. Las nubes iban apareciendo, apagando el brillo de la luna sobre el agua. Quería estar solo y sin pretenderlo, ese deseo era un hecho. Nadie a su alrededor. Caminaba por el muelle, y solo oía sus propios pasos, los que sin sentido de la orientación acabaron por dejarle en un mirador sobre el malecón. Quedó agarrado a la barandilla, apretando las manos como si se aferrara a una ilusión que no quisiera perder. El haber venido a este pueblo, un lugar frío y poco acogedor, obedecía a un intento por aclarar las cosas entre ellos. Después de las cartas que ambos se mandaron, la situación había quedado en un punto extraño, ambiguo, como si hubiera necesidad de considerar todo desde un principio.
El primer paso lo dio él. Habían pasado tres meses desde que se vieron por primera y única vez. Durante todo ese tiempo apenas varios correos, varias llamadas de teléfono donde ella buscaba encontrar razones a no ser querida de una forma mas completa. Él vivía y sentía desde la distancia, conformándose con saberla ahí, al otro lado, como remedio puntual a su tristeza. Ella era más ambiciosa en sus debilidades. Aun sin verlo ni tenerlo cerca, lo trataba de una forma mas apasionada, necesitando decírselo constantemente o al menos pensando en como hacerlo más cómodo para ambos, dominada por un cariño que no podía guardar para sí misma. Eran dos personas en una simbiosis perfecta, dos personajes en un escenario sin limites, el que ama para vivir y el que vive dejándose amar. Así hasta que ella renuncia a ser la base y soporte en esta relación egoísta. Como una declaración de amor, como un adiós contenido, como un lamento de incomprensión, ella le escribe y vuelca sus sentimientos. Los primeros que nacieron en su corazón nada más verle, tocarle y desearle. No puede seguir viviendo en una continua falsa alarma, no puede depender de los vaivenes e inseguridades del otro, y tampoco cree posible otra salida.
Inconsciente y afectado por la situación, llama para querer verla y oír todo de sus propios labios. Ella se asombra de esa intención, después de la carta que ha recibido; carta donde todo tenia cabida menos el afecto y la alegría. No entendía que sus sentimientos fueran mas un reproche que una necesidad. También necesitaba una explicación.
Quedaron en encontrarse fuera de sus entornos. Ella tenía que ir por razones de trabajo unos días a un lugar de la costa cantábrica. Podrían verse en un pueblecito cerca de la capital. Se llamarían cuando estuvieran en condiciones de verse. Fue poco lo que hablaron por teléfono. Temían a las palabras antes de empezar con las razones.
Todo se complicó aun más después hablar por teléfono esa mañana, nada mas llegar al hotel.
- Hola. Tal vez te pille en un mal momento.
- No. Me alegra oírte. ¿Qué tal el viaje? ¿Te gusta el sitio?
- El viaje un tanto pesado. Aun estoy tomando contacto con este lugar. Esperaba días con sol aunque la lluvia me gusta. Tendría que estar contigo para calmar este frío que me tiene en parte atenazado o, seguramente serán los nervios que me producen debilidad por enfrentarme a tus ojos.

El silencio duró una eternidad. Creyó que la comunicación se había cortado. ¿Habría dicho algo poco acertado o precipitado?
- ¿Sigues ahí? Estás trabajando supongo. No quiero entretenerte.
- No, no. Ya terminamos por hoy. Estoy en el hotel, pero no puedo hablar ahora. No estoy sola. Ya te llamaré cuando pueda quedar.

Fue un instante, suficiente para notar que algo se le rompía entre las manos. No había previsto esta situación. Cortó la comunicación y su mente empezó a funcionar. Era suficiente saberse excluido de su presencia como para proseguir una conversación con respuestas evasivas o engañosas. Necesitaba de sus palabras, cerrar los ojos y quedar inmóvil a su lado, solo siendo la mínima parte de sus deseos, solo con eso se conformaba. Notaba que ya empezaba a necesitarla, a quererla. Su proximidad, saberla en un mismo lugar, le era tan deseable, que aun no viéndola, se la imaginaba tierna y sensual recostada sobre su hombro. Seria un sueño, posiblemente un retazo de azul en el mar de la melancolía. Y en ese sueño estuvo esa mañana, caminando sobre la playa, donde el aire no era lo suficientemente frío para calmar su estado febril. Se sentía como las gaviotas que intentaban avanzar y el fuerte viento se lo impedía. Al igual que ellas gritaban en su intento, él callado y luchando contra ese mismo aire, se adentraba aun más en la playa gris, acabando por descubrir un destello de luz, producto del fuego que unos excursionistas habían dejado encendido. Notó el calor del fuego creado en medio de la arena, al refugio de unas rocas cubiertas de un verde húmedo. No tenía interés en quedarse para consumirse en esa ni en ninguna otra hoguera.

.
.
Nadie fuera; nada se mueve en esta noche de lluvia. Caminaba lentamente, sin notar el contacto con el suelo. El fondo negro del horizonte frente a él. El mar abierto, sin límites, era el final de su huida. Se oían las olas al romper sobre rocas afiladas. Intentaba distinguir alguna señal de vida en medio de este ciego paisaje. Lentamente notaba como la noche le envolvía en un abrazo de abandono, convenciéndose de que aun habría posibilidades de recomponer las piezas rotas que sus silencios y temores habían diseminado entre ambos.
Se aferró al muro del muelle, a esa piedra sólida y áspera que era el obstáculo para dar un paso hacia la locura por quien se sintiera cobarde. El ahora se notaba fuerte y grande frente a la noche. Las luces de un coche le hicieron volver a la realidad. Había dejado de llover. Podía distinguir el borde de las montañas sobre un fondo gris. El coche acabó deteniéndose cerca de donde estaba, por debajo del escalón que le sostenía en el muro. Podía escuchar la música que los ocupantes tenían puesta, aun estando las ventanillas bajadas. En cuestión de minutos los cristales se empañaron. Tuvo la impresión de que podían verle y le entró pánico. Pero no era así. Quienes estaban en el coche estaban ocupados en otros menesteres. Se sentía invasor de un instante que no le correspondía. Estaba desenfocado en esta película, su intervención esta noche pasaba a un segundo plano. Ahora les correspondía a ellos, a los amantes, ser dueños del mar, del cielo, de las nubes, del abandono. El se marchaba a seguir buscando sus respuestas en otro lugar.
Desde la lejanía percibió que algo cambiaba en el entorno. La niebla había bajado de las montañas y ahora iba poco a poco cubriendo el pueblo, llegando incluso al borde del mar. Pero no, no era ese cambio el que le detuvo en su marcha hacia el hotel. Un silencio extraño, casi agónico, sobre los escasos metros que su vista alcanzaba a ver. Se paró, miró hacia atrás. La oscuridad era casi total, pero el estar situado en el alto del muro le permitía aun detectar formas y movimientos. El coche permanecía quieto, la música había enmudecido. Dos segundos y la puerta se abrió. Alguien bajaba con cautela, posiblemente intentando ver más allá de la niebla. Observó al sujeto que daba la vuelta al coche para abrir la otra puerta lateral y sacar un bulto del interior. De principio no se apreciaba que pudiera ser, pero finalmente la realidad se descubrió en forma de cuerpo abatido, inerte, tal vez sin vida. Lo fue arrastrando hacia el muro. Una escalera adosada al mismo le permitía subir jadeando.
La situación tan inesperada le llevó a estar agachado, con el aliento tapado por las manos, temiendo ser visto. De pronto un golpe seco. Una ola sobre el cuerpo, y el cuerpo sobre la roca, para que la marea lo arrastrara a aguas profundas. El hombre volvió al coche y sin encender ninguna luz arrancó y se perdió entre los restos de la noche.
Con el corazón encogido por el miedo, o tal vez por lo imprevisto de la situación, se acercó lentamente al lugar donde cayó el cuerpo. En un principio le era difícil distinguir algo entre el oleaje y las rocas. Cuando sus ojos se acomodaron al negro fondo del abismo, pudo casi tocarlo. Allí abajo, a escasos dos metros de donde estaba, se encontraba un cadáver. La luz del faro sobre la niebla a su paso intermitente, produjo un destello lo suficiente intenso para vislumbrar la pesadilla. Un grito salió de su garganta como una serpiente cuando cae sobre su presa.
No podía ser real lo que veía. Indefenso al agua, al paso del tiempo, al arbitrio del destino, yacía el cuerpo de LAURA.

Tags: el asno

servido por tetanovicia 5 comentarios compártelo

25 Febrero 2008

EL INICIO DE UN VIAJE (Cap.8)

.

.

Las últimas semanas todo fue cambiando lentamente, el orden de sus prioridades iba alternándose de puesto, sólo su familia se mantenía en el lugar privilegiado, pero su círculo de amigos que en los últimos años no había sufrido variaciones, ahora quedaba relegado a un tercer puesto.

El amor, la ilusión y la esperanza se habían colado hábilmente con cariño, paciencia y mucha pasión en un segundo puesto. Su rutina diaria no había cambiado demasiado, llegaba cada mañana al trabajo y una montaña de dígitos y letras esperaban con impaciencia a que sus manos y su aptitud pusieran orden, siempre tenía la mejor de sus sonrisas para todas esas miradas amables que la rodeaban, quizás esa sonrisa ahora era mucho más roja y brillante...

Con impaciencia encendía su cofre de trabajo, ahora también su cofre del amor y buscaba en el fondo de él hasta encontrar su más preciado regalo, lazos rojos de pasión, perfume de amor y besos de caramelo. Sin embargo ese día al abrir su regalo se encontró con una sorpresa que no esperaba, una carta que producía estrabismo en sus ojos y en su corazón...

.

.

“ Es a ti, a quien no he llegado a poder decir con la voz lo que ahora intento con mis dedos ocultándome tras el papel que van a tocar tus manos, imaginándome la suavidad de tu roce, perdiendo toda esperanza de recuperar los ojos que ahora me leen, aún sintiendo que en un instante recupero tu mirada, pues es tan poco lo que necesito en mi mundo, el que tú veías monótono y aburrido.
Pudiera ser la antitesis de tus sueños y ahora entiendo que nuestros caminos, llegados a un punto, necesitaban separarse.
Fue maravilloso mantener un deseo y darle forma con nuestra presencia. Habíamos confiado en los silencios como bálsamo contra los reproches, el mío más intenso y agrio, el tuyo adormecido por el trabajo. Y el tiempo seguía empujándonos a continuar la farsa, la misma que muchos viven aún creyendo en el amor.
Tengo vivo el recuerdo de esa mañana que me invadió el asombro y el temor, en ese punto donde coincidieron nuestras vidas, dejándome cautivar de una locura ciega que me arrastraba a los rincones sórdidos del desamor. Entonces no encontraba las palabras que mitigaran los bandazos del huracán desatado. Ha sido cuestión de tiempo, bien lo sabes.
Hoy, mirando un punto fijo en el papel, he iniciado un debate entre mi pasado y mi futuro; el presente lo apuro minuto a minuto por miedo a no vivirlo y lo quiero gastar buscando el amor que aún no he conocido, desprendiendo emociones en ello.
Disculpa mi aturdimiento, ya sabes que en mí la acción va por delante del pensamiento, llego a parecer incongruente, pero ya no hay justificaciones, asumo la realidad de forma selectiva, intento desprenderme de la melancolía, y la transformo en diminutos trozos de inconsciencia.
Quedo quieto en el margen de estas letras, porque quisiera que fueras tú quien continuara o mejor concluyeras esta carta. Necesito que alguien pase al otro lado del espejo y me devuelva el reflejo de los días que he perdido.
He olvidado como despedirme de ti, será porque quizás nunca te tuve o no supe como tenerte. Has existido en mi vida y ahora no quiero acordarme de ello, no por resentimiento, es que prefiero no sentirlo. Dejo tu opinión como conclusión a estos posibles desvaríos, pero al menos no rompas lo que tienes entre tus manos, escóndelo o guárdalo en donde nadie lo encuentre, pues soy yo mismo quien vive entre estos renglones, y me gustaría descansar, alejado de lo que ya no me pertenece "

.

.

No entendía nada, el día anterior su despedida había sido muy cariñosa, ella le había notado dubitativo, pero eso ya había ocurrido otras veces. Intentaba hacer un repaso mental a cada una de las palabras y frases que le envió con tanta pasión, quizás el problema era ese, que su decisión y pasión le habían desconcertado, asustado o simplemente le hicieron ver esa cruda realidad, quería gastar su tiempo buscando “el amor que aún no había conocido”...

Necesitaba una explicación, quería una razón para bajarse del tren, algo no encajaba, ¿una farsa? ¿locura ciega?.... las preguntas y las dudas formaron una nueva montaña en su vida, poner orden a todo ello no dependía sólo de aptitud, debían verse cara a cara y enfrentarse a la verdad, no más farsas...

.

.

.

.

Esta vez viajaría sola, su único equipaje sería el cuestionario de la valentía, había dejado su maleta cargada de ilusiones abandonada a su suerte en la vía del desencanto...

.

Tags: la doncella

servido por tetanovicia 8 comentarios compártelo

12 Febrero 2008

EL INICIO DE UN VIAJE (Cap. 7)

.

.

Eran ya las 11 de la noche. Cenaba un poco tarde, fuera de su horario habitual. No pudo llegar antes a casa. El trabajo, hoy lunes, le retuvo más de la cuenta. Domingo, maldito domingo, seguía pensando tras recordar la inoportuna llamada de Cecilia por la tarde, justo cuando salía para quedar con Bruno. Suficiente como para amargar una velada que se prometía al menos tranquila y relajada, nada especial, pasear, charlar de lo acontecido durante la semana y posiblemente acabar tomando un café en el Bolonia. El tiempo, aunque frío, permitía darse ese respiro. Pero fue esa maldita llamada, las malditas palabras, las malditas imágenes en el espejo mientras escuchaba la misma voz que en otras ocasiones le acariciaron y que ahora solo producían desgarro por no quererlo llamar resentimiento.
Había querido a Cecilia como nunca había llegado a saberlo, fue su primer y único amor y a él se entregó de forma total. Jamás hubo otra mujer por la que llorar, por la que reír, por la que gastar los días y dejarse abandonar hasta saberse anulado de una manera consentida. Y tristemente así fue. Dejo de vivir su vida para entregarse a sostener y afianzar la de ella. Se convirtió en el guardián de sus deseos, en el que siempre estaba dispuesto a escuchar sus problemas y apenas se sentía compensado si tenía que hablar de los suyos, como si estos ni siquiera existieran. Creía que todo era así o debería serlo si con ello tenia a alguien a su lado, y que ello fuera suficiente. Estaba aun decidiéndolo cuando su vida sufrió un vuelco. Se mantenía en una espera meditada día a día, queriendo sin ser querido, amando sin ser amado, mimando sin ser mimado, excluido de un destino que se torcía en la distancia y en ese mismo tiempo. El traslado de Cecilia a Barcelona por unos meses, cuestión de trabajo, fue el desencadenante final. Algo ya no marchaba bien, pero esa lejanía que para él suponía afianzar sus dudas, se convirtió en el inicio de su adiós. Poco a poco dejaron de llamarse. Le costaba hablar, temía usar palabras que le hicieran vulnerable, aun más de lo que ya era, y esos miedos acabaron por encerrarle en su mundo donde solo se sentía cómodo leyendo las cartas que Cecilia le escribía. En esas cartas fue descubriendo el desamor y los reproches que nunca se hablaron frente a frente, ninguno se sintió tan libre como cuando se notaron lejos el uno del otro, pero aun él extrañaba su ausencia, la percibía en cada rincón de la casa, en cada objeto que tocaba y en los días que seguían a su marcha después de pasar el fin de semana juntos. Así hasta que por esas cartas fue notando la frialdad de cosas dichas sin nada dentro, el vacío en las palabras, el hueco entre los párrafos deslavazados, todo ello para ir haciéndose a la idea de que en su caminar había llegado a una estación donde alguien debía apearse. Así fue. Cecilia le deja. Es ella la que baja del tren y toma otro, pero no sola.
Domingo, maldito domingo. Cuatro años y aun le sigue hiriendo cuando le habla, cuando inicialmente le saluda, provocándole ese sentimiento de rabia, por lo que cree le han robado, le han matado ilusiones que nacieron y solo tenían sentido entonces. La culpa de una vida que se quedó en un proyecto inacabado. Se aferró a un solo cuerpo y acabó por mutilarse el mismo. Es duro oír que se siente confusa y abatida, y el reconocer que se equivocó al marcharse a Barcelona con quien solo la deseó y nunca la amó. Y él, ¿cómo debe asimilar todo esto? Ha llegado a ordenar su vida en este tiempo. Así se lo hizo saber, se despidió de su pasado. El optimismo, es difícil que emocionalmente lo mantenga, pero al menos conserva esperanzas de que su soledad sea corta.
A Bruno no le ha comentado nada de la llamada de Cecilia. Es mejor no hablar del tema. Tiene tan asumido que callando sufre menos. Se ve con capacidad suficiente como para transformar lo adverso en fuerzas que endurezcan su corazón, aunque los demás opinen lo contrario. Han pasado la tarde tal y como estaba previsto. Bruno subió antes de despedirse, tenía que recoger un libro de historia que le había prestado. Le dejó solo durante un tiempo en el despacho, en tanto él preparaba algo para cenar. El ordenador emitía parpadeos. El libro estaba a escasamente un metro del teclado. Al acercase para cogerlo, lo tocó de manera involuntaria. En un instante la pantalla pasó del gris absoluto a llenarse de información enmarcada en un azul que hacia atractivo y seductora su lectura. No pudo evitarlo. Estaba violando la intimidad de su amigo, cosa poco censurable habida cuenta que le conocía con tanta amplitud que poco podría asombrarle leer sus palabras en una pantalla cuando ya las oía casi a diario. La sorpresa surgió cuando se enfrentó a otra persona. Era un correo de quien sabia existía y que jamás imaginó verla de esa forma, temblando ante sus ojos y hablándole a él. Se dejó seducir y se abandonó mientras leía.


Somos dos personas escondidas tras nuestros propios nombres y eso le da emoción a cada propósito. Yo también espero con serenidad el eco de mis palabras, ver que regresan con otro tono, con otra melodía pero que apuntan hacia la misma dirección. Me gusta leerte, me satisface leerte. A veces me da miedo encontrarte triste, eso me alerta, porque de alguna manera, no sé por qué, me siento un poco responsable de tu felicidad. Si es bueno o malo eso, no lo sé, pero me hace sentir la vida tal y como me gusta, tal y como finalmente he decidido. Alguna vez yo también me enamoré de alguien por como escribía, pero no supe leer entre líneas, no supe medir la ansiedad. Ahora contigo estoy aprendiendo a ser un poco cautelosa sin dejar de ser como soy.
Ya no quiero vivir lo que dejé de vivir, ahora vivo lo que debo y lo que quiero. Me asustaba ver agotada la piel y dejar pasar miles de oportunidades (cifra excesivamente optimista). Pero no solo se trata de piel, es el corazón el que se desvela por el paso del tiempo, esa desesperada soledad... yo la he adoptado y me satisface, por lo menos eso creo y espero no engañarme. Pero fíjate que este cruce de palabras entre los dos intenta de alguna manera cubrir esa necesidad y en eso creo que estamos.
Camino en un doble sentido en el que encuentro lugares donde el sol crea espacios para notar el calor ajeno y sombras que adormecen las inquietudes. Me conmueven las palabras y eso me hace sentir viva, como en vueltas de ruleta, como en descensos de montaña rusa. Tus palabras no sé en que lugar con exactitud se conectan con mis sentidos, con mi sentido. ¿Qué esperas encontrar cuando caminas? ¿Qué esperas no encontrar? Te espero al resguardo de estas soledades que compartimos. Besos.

.

Tags: el asno

servido por tetanovicia 6 comentarios compártelo

5 Febrero 2008

EL INICIO DE UN VIAJE (Cap. 6)

.

.

Cuando le propone quedar esa tarde a tomar algo, teniendo en cuenta que nunca sale de su horario tan medido y calculado durante la semana, su amigo Bruno llega a preocuparse. No por creer que algo malo ocurriera, sino por pensar que su abatimiento, tras dejarle Cecilia, estaría en un punto álgido. De eso hace ya 4 años y aún no lo ha superado, lo que es normal en alguien que no se deja llevar hacia mundos más felices. Quedan sobre las 8 h.en la cafetería de siempre. Aumenta aún más la intriga y desazón cuando le hace el comentario de que necesita su opinión sobre algo especial.
El día estaba fresco. El otoño se manifestaba en su plenitud. Las aceras exudaban las sombras de quienes pasaban esquivando árboles en continua desnudez. Se agradecía ese ambiente enrarecido y cargado de humo que había en el Café Bolonia. Le esperaba sentando en la mesa del fondo, pegada a una columna desgastada por los años; un lugar estratégico para hablar sin sentirse observado.
Bruno creyó percibir una chispa de alegría en su mirada, como si la emoción le diera brillo a sus ojos, en tanto se preparaba para asumir el papel de confesor disciplinado, el de quien escucha mirando al infinito de tan oído que estaba todo. Cuando pensaba que seria agotador dar vueltas a su tristeza endógena, le sorprendió al decirle que había conocido a una persona. Esa frase dicho por otro llegaba incluso a generar curiosidad, pero en su caso, mas bien asustaba. Bruno le consideraba capaz de cualquier locura como dejarse influenciar por cualquiera que le diera razón y peso a su negatividad y arrastrarlo a un laberinto aun más equivoco. Se alegraba que al fin pudiera abrirse a ese mundo que se negaba día a día y al momento llegaron las típicas preguntas:

¿Quién es?, ¿Cómo ha sido?, ¿Desde cuando?, y sobre todo, ¿estaba seguro de querer conocer a alguien?
Era una persona poco dada a relacionarse. Nunca lo había sido, y desde lo de Cecilia aún menos. Ha ido agrandando sus muros hasta notar una asfixia en ese esfuerzo, y aunque pareciera extraño para quien le conocía, tuvo momentos de querer salir fuera, lográndolo muchas noches. Ha intentado vivir lo que dejó olvidado, dejando pasar oportunidades, desvelando el corazón por el paso del tiempo, en esa desesperada soledad que adoptó y le satisfacía. Así se lo dice a su amigo, quien de forma inmediata presupone que sus desahogos los ha tenido con mujeres anónimas y eso no le parece mal. Bruno rió y le comentó su idea de cómo muchos hombres satisfacen sus instintos a base de perderse en habitaciones densas y agobiantes, donde el cuerpo se abandona al roce seco de las mentiras.
Le interrumpió para empezar a hablar de una forma tan subliminal y metafísica que exasperaba. Agotaba en una sola frase. Poco a poco se descubre esa facilidad para conectarse con otras personas en un medio tan cerrado como pueda ser un ordenador, un teclado y un simple “clic”. Es uno más de los solitarios que, sentado cómodamente en su casa, imagina mundos compartidos, forja ilusiones para unas horas, se enreda en imágenes idealizadas y, respira...

.

.

Ella sabía que ya no había marcha atrás, sólo se podía ir hacia delante o hacia delante. Aunque eso no impedía que miles de interrogantes formaran unos barrotes que aprisionaran su cabeza, necesitaba sacarlas de esa prisión, airearlas y dejar que otra persona las pudiera ver desde otra perspectiva más objetiva, salir una hora al patio de esa cárcel de pensamientos y respirar el aire de la amistad y de la complicidad.

Sentadas frente a frente en un Café del casco antiguo, ella fumaba y bebía lentamente su café, sabía que Verónica quizás no era la más indicada para pedirla consejo, no quería saber nada de los contactos en la red, pero era en la única persona en quién podía confiar en ese momento porque había vivido esas sensaciones que a ella la embriagaban hasta estados demenciales de amor y pasión, sabía lo que era estar horas ante una pantalla que anunciaba... “ha recibido un nuevo mensaje”, nunca pensó que encontrara tanto cariño y amor a través de un cable conectado a una línea telefónica, algo aparentemente tan frío hacía arder las yemas de sus dedos y de su corazón.

Verónica hablaba de la red como si de un baile de máscaras se tratara, nunca se llegaba a saber quién y qué intenciones se escondían bajo ese disfraz, el baile podía ser divertido pero al final el reloj siempre marca las 12 h. de la noche y como Cenicienta debes abandonar el baile y quitarte la máscara ¿Estaban preparados para hacerlo?, la preguntaba.

Pero ella ya había abanicado la niebla que cubría su mente y desnudado su corazón, ahora ya sólo quedaba unirlos, rozarlos uno contra el otro y después... ya se vería.

Si, él era alguien que estaba “al otro lado” pero a tan sólo 200 km, dos horas y media de tren la separaban de aquella persona que había roto todos sus esquemas, la había descolocado y también... enamorado.

¿Qué son poco más de dos horas de viaje? contestaba ella.

¿Es que el amor no puede llegar a esa distancia? ella creía que sí.

Verónica la recordaba su antigua relación, todo lo que en ella había puesto, su eterna lucha contracorriente y el resultado... un amor desgastado porque él no supo pensar en plural y ahora sólo quedaba un inmenso cariño pero nada más.

Ahora estaba dispuesta a viajar en tren, en coche, en avión, en patera, o en lo que hiciera falta para tocar y acariciar esa ilusión que podía fraguar en una absoluta realidad. Y si hiciera falta haría el Camino del Amor, peregrinaría a pie para tener la oportunidad de equivocarse o.... no.

.

.

.

servido por tetanovicia 10 comentarios compártelo


Sobre mí

Avatar de tetanovicia

La Doncella y el Asno

ver perfil »
contacto »
Bestialismo literario.

Fotos

tetanovicia todavía no ha subido ninguna foto.

¡Anímale a hacerlo!

Buscar

suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

¿Qué es esto?

Crea tu blog gratis en La Coctelera